Canciones del Alma

1. En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.

2. A oscuras y segura,
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

3. En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

4. Aquésta me guiaba
más cierto que la luz de mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

5. ¡Oh noche que guiaste!
¡oh noche amable más que el alborada!
¡oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

6. En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

7. El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.

8. Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

Juan de la Cruz es, junto con Cervantes, el gran representante de la literatura española, siendo para la poesía lo que el autor de El Quijote ha sido para la novela . Así comienza Alberto Corazón la ilustración sobre su obra.

El artista se define como un gran lector de poesía, apasionado de Juan de la Cruz desde la infancia cuando en la escuela comenzó a leer su obra. Y decide realizar esta obra siguiendo a Horacio y su analogía de entre pintura y poesía, la simplicidad y la unidad del arte. Además se define como entusiasmado por el alfabeto, la iconografía de la cultura occidental.

Alberto Corazón habla de Juan de la Cruz, no le gusta nombrarle como “San” Juan, porque en realidad este santo fue un monje carmelita perseguido en vida por la Inquisición, no era en absoluto apreciado por la jerarquía eclesiástica . La religión en realidad no cuenta nada en su obra mística ya que para el pintor, el poeta sólo pudo elegir entre ser soldado o monje. Siempre ligado a Teresa de Avila, también perseguida en la época, con la que mantiene una gran relación epistolar y a la que, en una de sus cartas, define su poesía como “poética del delirio”.

Su poesía es absolutamente erótico-amorosa, inspirada en “El cantar de los cantares” y en la poesía hebrea. Corazón define la poesía mística como algo “extraordinario e insólito” que surge en el resplandeciente siglo XVI de la literatura española y que permite comunicar algo que no estaba pensado para el lenguaje.

Lo fundamental de la poesía mística es, para el artista, el ir desechando palabras al escribir para quedarse sólo en lo fundamental, en la esencia, permitiendo de este modo al lector lograr una abstración que lo sumerje de modo casi mágico en los sentimientos y en las sensaciones. Y eso es precisamente lo que prentende Corazón en su obra “Oscuro es el canto”, tema de esta exposición itinerante que hemos podido disfrutar en el Instituto Cervantes de Milán. El artista nos cuenta que al pintar las ocho piezas de su obra ha actuado como Juan de la Cruz, descartando aquello que era superficial y que también hemos podido ver en la exposición de los bocetos complementarios.

La obra está compuesta de ocho pinturas sobre papel, inspiradas en las ocho canciones del poeta compuestas por seis versos de doce sílabas. Cada una de estas pinturas representa una puerta, primer gran símbolo que representa el encuentro de los amantes, pues bien a través de la puerta la amada sale de la habitación para encontrar al amado o bien recibe al amado que entra.

La importancia del papel, que para Corazón es el soporte privilegiado para esta obra, se debe a que el poeta siempre llevaba una bolsa con los papeles de sus escritos y que además, según cuenta Teresa de Ávila, se vio obligado en más de una ocasión a “comerse” literalmente sus palabras, sus escritos cuando llegaba un registro de la Inquisición.

Usa colores acrílicos con gran libertad y sin posibilidad de rectificación buscando la comunicación con el espectador, que puede observar la obra desde lejos dándole su propia interpretación. Utiliza grafito y carboncillo y nos habla de la importancia del dibujo, de dibujar como si se pintara o de pintar como si se dibujara.

Funcionalidad y sensualidad, concentración y generosidad, despojamiento de lo superfluo para llegar a la esencia. Así define el artista su acercamiento al misticismo del poeta y esto es lo que hemos podido disfrutar los que hemos tenido la oportunidad de ver esta magnífica muestra en el Instituto Cervantes de Milán.

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Maria Hornillos